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cientifico

Andrew Newberg

Durante una experiencia contemplativa profunda puede ocurrir algo que normalmente damos por hecho: la sensación de estar aquí, dentro de un cuerpo, frente a un mundo que está ahí fuera, pierde nitidez. Newberg estudió qué ocurre en el cerebro cuando esa frontera subjetiva se transforma.

Quién fue

Andrew Newberg es un médico y neurocientífico estadounidense, formado en la Universidad de Pensilvania, donde investigó junto al psiquiatra Eugene d'Aquili; hoy dirige la investigación del Instituto Marcus de Salud Integrativa (Universidad Thomas Jefferson, Filadelfia). Es uno de los fundadores de la llamada neuroteología: el estudio con neuroimagen de lo que ocurre en el cerebro durante la experiencia religiosa y contemplativa. Llevó al escáner a meditadores budistas y a monjas franciscanas en oración profunda, y midió lo que hasta entonces solo se describía en los textos místicos.

Qué desarrolló

Una neurociencia de la frontera del yo. En Why God Won't Go Away (2001), Newberg y d'Aquili describieron el papel de redes y regiones implicadas en la orientación espacial y en la delimitación del yo, entre ellas zonas del lóbulo parietal posterior, que trabajan sin descanso en algo que damos por hecho: trazar el límite entre el cuerpo y el mundo, entre el yo y lo que no es yo. En los estados profundos de meditación y oración, Newberg observó una atenuación de la actividad en esas regiones de orientación, y propuso, a partir de esos cambios, que podían estar asociadas a una frontera subjetiva menos definida; no como una ley general del cerebro, sino como una interpretación construida sobre los datos observados. La experiencia de disolverse en algo más grande, común a los místicos de todas las tradiciones, tiene un correlato cerebral medible: no es un fallo del cerebro, sino una de sus capacidades.

Por qué está en el Templo

Los estudios de la ficha de Neptuno lo citan por la neurociencia de la frontera del yo: el proceso por el cual el límite entre el yo y el mundo — que parece un hecho fijo — puede volverse menos definido durante ciertos estados. Es el corazón del territorio neptuniano: la permeabilidad, la fusión, la experiencia oceánica. Newberg mostró que esa apertura tiene fisiología, que no es un fallo ni una anomalía. A partir de ahí, el Templo da un paso propio, distinto del hallazgo científico: si esa apertura es real y tiene una base en el cuerpo, entonces es también digna de respeto y de cuidado, no algo que deba suprimirse sin más.

Una precisión necesaria

Aquí el Templo no utiliza a Newberg como prueba de que exista una realidad espiritual exterior al cerebro. Tampoco utiliza sus investigaciones para afirmar que la mecánica cerebral explique por completo la experiencia mística. La relación es más precisa: una experiencia de unidad puede tener un correlato cerebral; tener un correlato cerebral no agota necesariamente el significado de la experiencia. Esta distinción permite utilizar la neurociencia sin convertirla en una autoridad sobre aquello que la propia neurociencia no puede determinar.

Qué tiene que ver con Neptuno

¿Hasta dónde puedes abrirte sin dejar de ser tú? Newberg mostró que la frontera entre el yo y el mundo no es fija: puede modificarse, atenuarse, volverse más permeable en determinados estados. Eso es un hallazgo neurocientífico. La pregunta que añade el modelo de Neptuno es de otro orden: no si la frontera puede abrirse, sino qué hace una persona cuando se abre — si puede permitir que esa frontera se vuelva permeable sin que la permeabilidad se convierta en disolución del yo.

Newberg aporta neurociencia. Neptuno aporta el modelo simbólico. La primera estudia qué ocurre en el cerebro durante determinadas experiencias. El segundo pregunta qué puede hacer una persona con su capacidad de apertura, sensibilidad y disolución de fronteras. No son la misma afirmación.

La sensibilidad neptuniana no consiste en destruir la frontera. Consiste en poder abrirla sin perder la capacidad de volver a cerrarla cuando sea necesario.

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