En esta página

Killingsworth y Gilbert

La mente pasa cerca de la mitad del tiempo de vigilia en otra parte, y en esos momentos las personas tienden a ser menos felices.

La ficha en esencia

  • Quiénes fueron: Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert firmaron juntos, en 2010, uno de los estudios más influyentes sobre la relación entre la divagación mental y el bienestar.
  • Qué desarrollaron: una aplicación para teléfono móvil que interrumpía a miles de personas en momentos aleatorios de su vida cotidiana y les preguntaba qué hacían, en qué pensaban y cómo se sentían.
  • Su hallazgo: la mente pasa cerca de la mitad del tiempo de vigilia divagando — pensando en algo distinto de lo que ocurre en ese momento — y en esos momentos las personas tienden a sentirse menos felices, incluso cuando el pensamiento es agradable.
  • Su precisión temporal: el análisis apuntaba a que la divagación mental precedía al descenso del bienestar, más que ser simplemente una consecuencia de sentirse mal.
  • Su matiz importante: no toda divagación es perjudicial — la mente necesita recordar, anticipar y planificar; el coste aparece cuando ese desplazamiento se repite y desplaza la experiencia presente.
  • Por qué están en el Templo: los estudios de la ficha del Sol los citan porque midieron, a escala excepcional, la relación entre presencia, experiencia y consciencia de uno mismo.
¿Qué hay en esta ficha?Despliega el esquema y ve directo a lo que buscas

Quiénes fueron

Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert firmaron juntos, en 2010, uno de los artículos más citados de la ciencia de la felicidad — una sola página en Science con un título que ya lo dice todo: «A wandering mind is an unhappy mind». Killingsworth era entonces doctorando en Harvard y diseñó el método; Gilbert, catedrático de psicología en Harvard, es uno de los grandes investigadores de la felicidad y autor de Stumbling on Happiness (2006).

Qué desarrolló

Diseñaron un experimento que habría sido difícil de realizar a esa escala sin un teléfono móvil. Una aplicación interrumpía a miles de personas en momentos aleatorios de su vida cotidiana y les hacía tres preguntas: ¿qué estás haciendo?, ¿en qué estás pensando?, ¿cómo te sientes?

El resultado fue revelador: la mente humana pasaba cerca de la mitad del tiempo de vigilia divagando, es decir, pensando en algo distinto de lo que estaba ocurriendo en ese momento. Y cuando la mente estaba en otra parte, las personas tendían a sentirse menos felices.

El efecto aparecía incluso cuando aquello en lo que pensaban era agradable. Y el análisis temporal apuntaba a que la divagación mental precedía al descenso del bienestar, más que ser simplemente una consecuencia de sentirse mal.

La conclusión no es que pensar en el pasado o en el futuro sea siempre perjudicial. La mente necesita recordar, anticipar, planificar e imaginar. Lo que el estudio pone de manifiesto es algo más preciso: cuando la mente abandona repetidamente la experiencia presente, ese desplazamiento tiene un coste en el bienestar subjetivo.

La mente que se va y la experiencia que queda

Un mismo instante puede vivirse de dos maneras distintas

Cómo se lee: no se trata de condenar el pensamiento. La mente puede viajar al pasado o al futuro porque esa capacidad es necesaria. El hallazgo es que la divagación mental tiene un coste subjetivo cuando desplaza la atención de la experiencia que está ocurriendo.

La cuestión no es que la mente piense. Es saber dónde está mientras piensa.

Por qué está en el Templo

Los estudios de la ficha del Sol los citan porque midieron, a una escala excepcional, un proceso que el Sol trabaja: la relación entre presencia, experiencia y consciencia de uno mismo.

La mente puede estar haciendo una cosa mientras su atención está en otra. Puede estar conversando mientras ensaya mentalmente la conversación siguiente; trabajando mientras anticipa el resultado; descansando mientras reconstruye lo que ocurrió ayer. La experiencia sucede en un lugar y la mente puede habitar otro.

Ahí está la aportación de Killingsworth y Gilbert al imaginario solar: la presencia no consiste en dejar de pensar, sino en volver a coincidir con la experiencia que está ocurriendo.

Es también por eso por lo que su investigación dialoga con las tradiciones contemplativas. Estas llevan siglos entrenando precisamente la capacidad de reconocer cuándo la mente se ha ido y devolverla al presente. La investigación de 2010 no demuestra esas tradiciones ni las convierte en ciencia experimental; aporta, desde otro lenguaje, un dato compatible con una de sus intuiciones fundamentales: la calidad de la experiencia cambia cuando la atención deja de estar donde está la vida que se está viviendo.

La mente puede estar en otra parte

Un recorrido de cuatro pasos entre irse y volver

Cómo se lee: la investigación no dice que el pasado o el futuro sean enemigos. Dice que la divagación mental tiene una relación consistente con un menor bienestar subjetivo. El trabajo solar comienza cuando puedes darte cuenta de que tu atención se ha ido y volver.

La vida está ocurriendo aquí. La mente no siempre está aquí.

  • Ficha citante: Sol

En el Templo