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cientifico

Paul Watzlawick

No es posible no comunicar.

Quién fue

Paul Watzlawick (1921-2007) nació en Villach, Austria, se doctoró en filosofía y lenguas modernas en Venecia y se formó en psicoterapia en el Instituto Jung de Zúrich. Desde 1960 trabajó en el Mental Research Institute de Palo Alto, California, el laboratorio donde un grupo de investigadores reunidos en torno a las ideas de Gregory Bateson estudiaba algo entonces insólito: no la mente aislada, sino la comunicación entre las personas como el lugar donde los problemas se fabrican y se resuelven. Fue también profesor en la Universidad de Stanford.

Qué desarrolló

Dos ideas mayores. La primera, en Teoría de la comunicación humana (1967, con Janet Beavin Bavelas y Don D. Jackson): su primer axioma dice que toda conducta tiene valor de mensaje en una situación de interacción, porque es imposible no comportarse — de ahí no es posible no comunicar, sin que haga falta ninguna intención de comunicar. La segunda, en Change (1974, con Weakland y Fisch): la distinción entre el cambio que reorganiza los elementos sin salir del marco y el cambio que transforma el marco mismo. Su hallazgo más incómodo, y el que de verdad interesa a este Templo: a veces el problema se mantiene precisamente por las soluciones que se intentan dentro del mismo marco que lo produce — «más de lo mismo» perpetúa lo que pretende resolver. En The Situation Is Hopeless, But Not Serious (1983) mostró, con humor, cómo nos fabricamos la infelicidad siguiendo esas mismas recetas.

Cuando la solución alimenta el problema

Cambiar la pieza no basta si la regla que la mueve sigue intacta

Cómo se lee: el primer cambio modifica la jugada; el segundo descubre que el problema estaba en las reglas del juego.

No siempre hace falta hacer más. A veces hay que cambiar la lógica con la que se intenta resolver.

Por qué está en el Templo

Los estudios de la ficha de Mercurio lo citan por el proceso que describió: cómo la mente formula sus problemas y por qué sus intentos de solución pueden perpetuarlos, hasta que un cambio de nivel — cambiar el marco, no las piezas — libera el patrón. Es el territorio de la mente mercurial que se observa a sí misma: mientras no ve sus propias reglas, las repite. Watzlawick puso nombre y método a esa paradoja.

En el Templo