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Viktor Frankl
Quien tiene un porqué para vivir soporta casi cualquier cómo: la frase de Nietzsche que Frankl tomó como lema, y que convirtió en el núcleo de una psicoterapia.
La ficha en esencia
- Quién fue: Viktor Frankl (1905-1997), psiquiatra y neurólogo vienés; antes de la guerra dirigía la atención a personas con riesgo de suicidio; entre 1942 y 1945 fue deportado y sobrevivió a varios campos de concentración nazis.
- Qué sostuvo: que la motivación humana más profunda no es el placer ni el poder, sino la voluntad de sentido; cuando falta, aparece el vacío existencial.
- Su aportación: la logoterapia, la tercera escuela vienesa de psicoterapia, tras el psicoanálisis de Freud y la psicología individual de Adler.
- Dónde se encuentra el sentido: no se inventa ni se recibe — se encuentra: en una obra, en un encuentro, o en la actitud con que se sostiene lo que ya no puede cambiarse.
- La última libertad: lo único que ninguna circunstancia puede arrebatar es la elección de la actitud personal ante lo que ocurre.
- Por qué está en el Templo: los estudios de Nodos lo citan por la voluntad de sentido — la dirección que da forma al camino, el porqué que sostiene los cómos.
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Quién fue
Viktor Frankl (1905-1997) fue un psiquiatra y neurólogo vienés. Antes de la guerra ya dirigía la atención a personas con riesgo de suicidio — un trabajo clínico concreto, no todavía una intuición sobre el sentido. Entre 1942 y 1945 fue deportado y sobrevivió a varios campos de concentración nazis, entre ellos Theresienstadt y Auschwitz, donde perdió a casi toda su familia. De esa experiencia extrema no salió con una teoría de la desesperación, sino con una observación clínica: quienes conservaban un porqué — alguien que los esperaba, una obra por terminar — resistían de otro modo. En 1946 lo escribió en pocos días: El hombre en busca de sentido, uno de los libros más leídos del siglo XX.
Qué desarrolló
La logoterapia, llamada la tercera escuela vienesa de psicoterapia — tras el psicoanálisis de Freud y la psicología individual de Adler. Su tesis: la motivación humana más profunda no es el placer ni el poder, sino la voluntad de sentido. Cuando falta, aparece el vacío existencial, que ninguna satisfacción llena.
Frankl citaba como lema una frase que no era suya, sino de Nietzsche: quien tiene un porqué para vivir soporta casi cualquier cómo. Sobre esa intuición ajena construyó una psicoterapia entera — porque entre lo que a una persona le ocurre y lo que hace con ello, comprobó que queda siempre un margen propio.
Entre lo que ocurre y la respuesta, un margen que ninguna circunstancia cierra del todo.
Cómo se lee: a la izquierda, lo que ninguna elección puede evitar; en el centro, el margen que Frankl llamó la última libertad; a la derecha, la respuesta que nace de usarlo.
La logoterapia no promete que las circunstancias cambien: sostiene que ese margen no se cierra nunca del todo.
Dónde se encuentra el sentido
El sentido, para Frankl, no se inventa ni se recibe de fuera: se encuentra, respondiendo a lo que cada situación concreta pide. Y hay tres vías por las que ese encuentro ocurre.
En una obra: algo que hacer, crear o dejar terminado. En un encuentro: alguien a quien amar, o que sigue esperando. Y cuando ya no queda margen para cambiar nada de fuera, en la actitud con que se sostiene lo que toca vivir — la tercera vía, la que Frankl comprobó en el límite del que menos se elige.
Cuando ninguna de las tres está disponible, o deja de sentirse disponible, aparece el vacío existencial: una falta que ninguna satisfacción llena, porque no es una carencia de placer sino de dirección.
Tres direcciones por las que, en la logoterapia, el sentido se deja encontrar.
Cómo se lee: las tres vías no compiten entre sí; cuando una falta, las otras dos pueden seguir sosteniendo. Abajo, qué ocurre cuando ninguna está disponible.
No es una lista para completar: es un mapa de dónde buscar cuando una de las vías se cierra.
La última libertad
Hay algo que ninguna circunstancia puede tocar: la elección de la actitud personal ante lo que ocurre. No es la libertad de cambiar los hechos — esa, a menudo, no existe. Es la libertad, mucho más estrecha y mucho más real, de decidir qué postura tomar frente a lo que ya no puede cambiarse.
Frankl no llegó a esta idea en un seminario: la comprobó en el campo de concentración, donde casi todo lo demás — el cuerpo, el nombre, la familia, el futuro — podía arrebatarse. Lo único que quedaba intacto era ese margen interior: la posibilidad de examinar, dentro de lo que se sufre, qué actitud sostenerlo merece.
Lo que ninguna circunstancia puede tocar, y lo que se hace con ese margen.
Cómo se lee: a la izquierda, lo que queda fuera de alcance; en el centro, lo único que sigue en manos de la persona; a la derecha, lo que esa posición puede llegar a producir.
No es que el sufrimiento deje de doler: es que ni siquiera él cierra del todo ese margen.
Por qué está en el Templo
Los estudios de la ficha de Nodos lo citan por la voluntad de sentido: el proceso por el cual una vida se orienta — no hacia lo que apetece, sino hacia lo que llama. Es el eje mismo de los Nodos: la dirección que da forma al camino, el porqué que sostiene los cómos. Frankl comprobó, en las circunstancias más extremas que le tocó atravesar, que esa orientación no es un lujo filosófico sino una fuerza psicológica de primer orden.
Conviene decirlo con claridad: esto no es pensar en positivo. Frankl no sostuvo que el sufrimiento se transforme en bienestar si se le busca el lado bueno, ni que baste una actitud optimista para que el dolor deje de doler. Sostuvo algo más exigente y más sobrio: que incluso cuando nada de lo externo puede elegirse, queda un margen propio desde el que responder — y que ese margen, por pequeño que sea, sigue siendo humano.
- Ficha citante: Nodos