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Sistemas de casas

Los ángulos de tu carta no cambian. Lo que se discute desde hace siglos es cómo repartir el espacio que queda entre ellos.

La ficha en esencia

  • Qué es: domificar — dividir el círculo de la carta en doce casas, levantar las paredes del mapa: doce cúspides, doce líneas de comienzo.
  • Su problema: geométrico, no astrológico — eclíptica, horizonte y meridiano están inclinados entre sí, y repartir el espacio no tiene una única solución correcta.
  • Qué no cambia: el Ascendente y el Medio Cielo son los mismos en todos los sistemas; lo que se mueve de verdad son las casas intermedias.
  • Su límite: cerca de los círculos polares, los sistemas que reparten tiempo — Plácidus, Koch — dejan de estar definidos.
  • El criterio sensato: elegir un sistema, aprenderlo a fondo y ser coherente — es una herramienta de medida, no una fe.
  • El criterio del Instituto: Plácidus, por coherencia con las cartas del método; si una técnica pide otra domificación, la excepción se declara.
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Qué es la domificación

Domificar es dividir el círculo de una carta natal en las doce casas. La palabra viene de domus, casa: se trata, literalmente, de levantar las paredes del mapa. El resultado son doce cúspides, doce líneas de comienzo.

Aquí aparece un problema que no es astrológico sino geométrico. Los signos se miden sobre la eclíptica, el camino aparente del Sol. Las casas, en cambio, nacen de dos referencias del lugar donde naciste: el horizonte — que da el eje Ascendente-Descendente — y el meridiano, que da el eje Medio Cielo-Fondo del Cielo. Esos tres círculos — eclíptica, horizonte y meridiano — están inclinados unos respecto de otros, y la inclinación cambia con la latitud. Repartir el círculo de la carta en doce casas no tiene una única solución: cada sistema decide qué referencia geométrica utilizar y qué es lo que va a dividir. Y ahí se separan las escuelas.

Tres círculos que no se ponen de acuerdo

Los signos se miden en la eclíptica; las casas nacen del horizonte y del meridiano

Cómo se lee: los signos se miden sobre la eclíptica; las casas, desde el horizonte y el meridiano de tu lugar. Tres círculos inclinados entre sí: repartir el espacio en doce no tiene una única solución.

Levantar las paredes del mapa: doce cúspides, y varias maneras legítimas de trazarlas.

Los sistemas más usados

  • Plácidus — es un sistema basado en la división temporal del movimiento diurno. Divide en tres partes el trayecto temporal que corresponde a cada cuadrante y proyecta esas divisiones sobre la eclíptica para obtener las cúspides intermedias. Es hoy el sistema más extendido en la astrología occidental moderna, en buena medida porque fue el que llegó impreso en las tablas de casas que se usaron durante generaciones.
  • Koch — otro sistema basado en el movimiento diurno, desarrollado en el siglo XX por Walter Koch y utilizado especialmente en la tradición astrológica de habla alemana.
  • Casas iguales — el más simple: doce tramos de 30 grados exactos empezando en el grado del Ascendente. La Casa I arranca en el Ascendente, la II treinta grados después, y así hasta cerrar. El Medio Cielo sigue existiendo como punto de la carta, pero deja de ser la cúspide de la X y puede caer en la IX, la X o la XI.
  • Signos enteros — cada signo es una casa completa, de su grado 0 a su grado 29. El signo donde cae tu Ascendente es entero la Casa I, el siguiente es entero la II. Es el sistema documentado en la astrología helenística, el más antiguo que conocemos, y ha vuelto con fuerza con la recuperación de la astrología tradicional.
  • Regiomontano — divide en doce arcos iguales el ecuador celeste y proyecta esas divisiones sobre la eclíptica. Fue el estándar en la Europa medieval y tardía, y sigue siendo el sistema de referencia en astrología horaria tradicional.
  • Campanus — divide en doce arcos iguales el primer vertical, el círculo que pasa por el cénit y por los puntos este y oeste del horizonte. Es el más «espacial» de todos: reparte la bóveda que te rodea en doce gajos.

Qué cambia y qué no

Este es el punto que más se malentiende. El Ascendente, el Descendente, el Medio Cielo y el Fondo del Cielo son los mismos puntos astronómicos independientemente del sistema de casas. Lo que cambia es qué función cumplen dentro de la división de las casas. No los inventa el método de domificación: se calculan del horizonte y del meridiano de tu lugar y hora, y salen idénticos elijas lo que elijas. Lo que cambia es si además funcionan como cúspides — en los sistemas de cuadrantes, Plácidus, Koch, Regiomontano y Campanus, los cuatro ángulos encabezan las casas I, IV, VII y X; en casas iguales solo el Ascendente lo hace; en signos enteros ninguno de los dos es cúspide, aunque el Ascendente sigue decidiendo qué signo es la Casa I.

Lo que sí se mueve de verdad son las casas intermedias: la II, III, V, VI, VIII, IX, XI y XII. Ahí las diferencias pueden ser grandes, y un planeta puede aparecer en la Casa XI con un sistema y en la X con otro. Por eso los debates entre escuelas nunca giran alrededor de los ángulos: giran alrededor de los bordes de en medio.

Mismo cielo, cortes distintos

Dos sistemas sobre el mismo cuadrante, del Medio Cielo al Ascendente

Cómo se lee: las líneas doradas —los ángulos— no dependen del sistema; las punteadas —las cúspides intermedias— sí. Por eso un planeta puede aparecer en la Casa XI con un sistema y en la X con otro.

El cielo es el mismo; lo que cambia es dónde se trazan los cortes de en medio.

El problema de las latitudes altas

Los sistemas que reparten tiempo tienen un límite físico. Cerca de los círculos polares hay grados del zodiaco que no llegan a salir o a ponerse en todo el día: su trayecto entre el horizonte y el meridiano sencillamente no existe, y no hay nada que dividir en tres. Ahí Plácidus y Koch dejan de estar definidos o devuelven resultados imposibles, y los propios programas de cálculo suelen avisarlo.

Regiomontano y Campanus siguen siendo calculables a esas latitudes, pero producen casas de tamaños muy dispares, con algunas enormes y otras diminutas. Las casas iguales y los signos enteros, en cambio, funcionan en cualquier punto del planeta, porque no dependen de esa geometría: es una de las razones prácticas que se alegan a su favor. Para quien nace en Escandinavia, Alaska o el norte de Canadá esto no es un tecnicismo — es la diferencia entre tener carta de casas y no tenerla.

Donde el reparto por tiempo se acaba

Cerca de los polos hay grados que no llegan a salir ni a ponerse en todo el día

Cómo se lee: para quien nace en Escandinavia, Alaska o el norte de Canadá no es un tecnicismo: es la diferencia entre tener carta de casas y no tenerla. Los repartos sin trayecto diario siguen en pie.

Sin trayecto entre horizonte y meridiano, no queda nada que dividir en tres.

El criterio sensato

Ninguna escuela ha demostrado que su reparto sea el verdadero, y llevamos dos mil años en ello. Lo que la práctica sí enseña es esto: elige un sistema, apréndelo a fondo y sé coherente. Leer una carta con Plácidus, otra con signos enteros y una tercera con lo que salga por defecto en la aplicación de turno no da amplitud de miras: da ruido.

Eso no impide mirar. Cambiar de sistema para ver qué se mueve es un ejercicio legítimo y a veces revelador, sobre todo cuando un planeta cae en el borde. Lo que no es legítimo es el otro movimiento: probar sistemas hasta que uno diga lo que uno quería oír. Y tampoco lo es convertir la elección en dogma o en señal de pertenencia a un bando. El sistema de casas es una herramienta de medida, no una fe.

El criterio del Instituto: Plácidus

En el Instituto trabajamos con Plácidus. No por adhesión a una escuela, sino por coherencia: es el sistema con el que están calculadas las cartas del método y con el que se leen las consultas, y esa continuidad es la que permite comparar un mapa con otro sin cambiar la vara de medir.

Con un matiz: depende de la técnica que se aplique. Hay trabajos que piden otra domificación, y en esos casos se usa la que corresponde a esa técnica, dicho siempre con claridad. La regla general es Plácidus; la excepción se declara.

Qué tiene que ver contigo

Si has visto tu carta en dos webs distintas y no coincidían las casas, no estabas ante un error: estabas ante dos formas de repartir el mismo cielo. Comprueba qué sistema usa cada una — suele decirlo en algún ajuste — y quédate con el que vayas a trabajar. Si dudas entre dos sistemas, no los elijas según cuál produzca la lectura que más te convence. Comprueba qué sistema estás utilizando, qué técnica estás aplicando y mantén el criterio de forma coherente. El mapa se contrasta con el territorio, pero el territorio no decide retrospectivamente qué mapa nos conviene.

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